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¡Las debían proteger! Abusos contra refugiadas por personal humanitario sacuden al mundo

La agencia AP documentó casos de abuso y explotación sexual en Chad por parte de Médicos sin Fronteras; hasta ahora 18 trabajadores fueron despedidos y vetados

MSF.
MSF. Archivo - El sol se pone en un campamento de refugiados levantado por personas que huyen de la guerra en Sudán, en Adre, Chad. (AP Foto/Sam Mednick) (Sam Mednick/AP Photo/Sam Mednick)

Huyeron de la guerra para salvar la vida, pero en el lugar donde debían encontrar protección, algunas mujeres y niñas se habrían topado con otra forma de violencia.

Un informe interno confidencial de Médicos Sin Fronteras reveló un patrón de abuso y explotación sexual por parte de personal local y extranjero de la organización en Chad, a lo largo de la frontera con Sudán, reveló la agencia The Associated Press.

Se trata de mujeres refugiadas que habrían sido presionadas para intercambiar sexo por comida, agua, leche, empleos o acceso a ayuda humanitaria.

El reporte también menciona casos que involucrarían a niñas menores de edad y situaciones reiteradas que podrían apuntar a una posible explotación organizada.


59 denuncias y 18 despedidos

De acuerdo con la agencia, el informe de MSF, finalizado en julio y revelado por primera vez por la agencia, registró 59 denuncias de conducta indebida, desde acoso sexual hasta explotación y abuso.

Como resultado, 18 miembros del personal fueron despedidos y vetados para futuros empleos dentro de la organización.

La propia Médicos Sin Fronteras indicó que algunas denuncias no pudieron verificarse o que no fue posible identificar a los responsables, debido a la magnitud de la emergencia y al desplazamiento constante de la población.

Aun así, la ONG reconoció que los señalamientos representan una grave vulneración de sus valores y responsabilidades, además de lamentar el daño causado.

El informe también admite que lo encontrado podría ser apenas “la punta del iceberg”, porque muchas mujeres tenían miedo de hablar.

Miedo a denunciar por perder ayuda

Esto se da en medio del silencio forzado, mujeres explicaron que muchas preferían callar por temor a perder acceso a atención, ayuda o empleo, e incluso algunas ni siquiera sabían que tenían derecho a denunciar o compartir lo que estaba ocurriendo.

La vulnerabilidad era doble, eran refugiadas de una guerra y, al mismo tiempo, dependían de la asistencia humanitaria para sobrevivir.

Así, cualquier persona con capacidad de entregar comida, agua, trabajo o atención médica podía ocupar una posición de poder peligrosa.

Además, líderes comunitarios dijeron a investigadores que temían denunciar por miedo a perder empleos o ayuda; algunos afirmaron que sus hijas o hermanas habían sido víctimas, pero decidieron no presentar quejas ante la organización.

Entre la guerra y el abuso

Esto luego de que Chad ha recibido a cientos de miles de personas que escaparon de la guerra en Sudán.

Médicos Sin Fronteras señala en su información oficial sobre la crisis sudanesa que más de 800 mil refugiados y retornados cruzaron hacia Chad, donde enfrentan falta de agua, alimentos, refugio adecuado y atención médica.

La organización también documentó violencia sexual contra mujeres y niñas de Darfur, tanto dentro de Sudán como en zonas de atención a refugiados en Chad, y reconoce que la violencia sexual es una emergencia médica que requiere atención urgente.

Revelación periodística

El documento interno de MSF no surgió de la nada, la propia organización reconoció que abrió la investigación luego de reportes previos de AP, en los que mujeres en asentamientos de desplazados en Chad acusaron a trabajadores humanitarios y fuerzas locales de ofrecer dinero, acceso más fácil a ayuda o empleos a cambio de sexo.

Después de esa investigación periodística, Naciones Unidas también abrió una pesquisa interna sobre denuncias de explotación sexual en Chad y elevó el nivel de alerta de riesgo para protección contra explotación y abuso sexual.

El informe de MSF atribuyó a AP un papel clave como denunciante externo, de modo que fue el periodismo, no solo los mecanismos internos, lo que empujó a revisar la dimensión del problema.

A pesar de que había algunos sistemas de denuncia, estos no funcionaban como debían, los buzones para depositar quejas fueron considerados en gran medida ineficaces, y algunas personas que hablaron no recibieron ayuda y varias alertas no tuvieron seguimiento.

El informe también reconoce que no era la primera vez que Médicos Sin Fronteras enfrentaba diagnósticos similares, hay denuncias previas, como las surgidas durante el brote de ébola de 2021 en Congo, y reportes de abusos cometidos por trabajadores humanitarios y fuerzas de paz en África occidental desde 2002.

Esto confirma que diagnósticos y recomendaciones parecidos ya se habían hecho antes, pero no generaron cambios significativos.

Ayuda humanitaria

La labor humanitaria salva vidas, en contextos como Chad, organizaciones como MSF prestan servicios médicos, atienden desnutrición, vacunación, salud sexual y reproductiva, y suministran agua o artículos básicos en comunidades desbordadas por la guerra.

Pero justamente por ese poder, la responsabilidad es mayor, cuando una mujer refugiada depende de una organización para comer, curarse o conseguir trabajo, cualquier abuso no es solo una agresión individual, es una traición al principio mismo de la ayuda humanitaria.

MSF reconoció que opera en contextos donde las personas son vulnerables y dependen de la asistencia, lo que crea desequilibrios de poder y riesgos de abuso que deben ser atendidos.

Detrás de cada denuncia hay una historia que no cabe en un memorando: niñas que debían estar protegidas, mujeres que escaparon de una guerra, trabajadoras que temieron perder su empleo y familias que prefirieron callar para no quedarse sin ayuda.

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