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¿Gira a la derecha o apuesta por la izquierda? Aquí lo que debes saber de la elección en Perú

La segunda vuelta en Perú enfrenta este domingo a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez en una elección cerrada, con más de 27 millones de votantes, en medio de la inestabilidad

Perú.
Perú. Keiko Fujimori y Roberto Sánchez disputan este domingo la segunda vuelta presidencial en Perú. (AP/Especial)

Perú llega este domingo 7 de junio a la segunda vuelta presidencial que define el nombre del próximo mandatario, la contienda entre Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, ocurre en un país cansado de presidentes que caen, congresos enfrentados, investigaciones judiciales y una inseguridad que se ha convertido en la principal preocupación ciudadana.

En la primera vuelta, celebrada el 12 de abril, más de 27 millones de peruanos fueron llamados a votar para elegir presidente, vicepresidentes, senadores, diputados y representantes al Parlamento Andino.

Esa vez, Keiko Fujimori quedó en primer lugar con 17.181% de los votos válidos, mientras que Roberto Sánchez alcanzó 12.031%, según el conteo al 100% de actas procesadas.

Ambos llegan a la ronda final con menos de 20% de respaldo inicial, después de una elección con 35 candidaturas presidenciales.


La situación exhibe una fragmentación política profunda y anticipa un problema de gobernabilidad para quien gane, sobre todo porque Perú elege a su noveno presidente en una década.

Keiko toma ventaja

Las últimas encuestas colocan a Keiko Fujimori con ligera ventaja, un sondeo de CPI presentado por RPP la ubicó con 32.5% de intención de voto frente a 29.1% de Roberto Sánchez, además de 22.6% de voto blanco o viciado y 13.4% de indecisos.

El País también reportó que las encuestas acompañan a Fujimori con una ventaja cercana a tres puntos porcentuales, en una elección marcada por la desconfianza, la resignación y el temor.

Para Gustavo López Montiel, profesor de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey de México, la elección “se perfila como una de las más competidas de los últimos años”, aunque con una tendencia favorable a Fujimori.

El especialista advierte que la candidata puede verse favorecida por un clima regional donde posiciones de derecha han ganado fuerza en América Latina.

Sin embargo, señala que la diferencia puede depender de dos factores difíciles de medir, la irrupción de electores que no se han manifestado y la desmovilización de quienes no se sienten representados por ninguna opción.

El peso del fujimorismo

La candidatura de Keiko Fujimori regresa al fujimorismo al centro de la política peruana, esta es su cuarta segunda vuelta presidencial y, para sus seguidores, representa una promesa de orden frente al crimen, la extorsión y el caos institucional.

En el cierre de campaña, Fujimori llamó a la “unidad y reconciliación”, prometió un gobierno tecnocrático de cinco años y centró su mensaje en seguridad ciudadana, servicios básicos e inversión privada.

También recibió respaldo de Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular y representante de la derecha más dura.

Pero su apellido sigue siendo una carga política, el legado de Alberto Fujimori divide al país entre quienes recuerdan la derrota de Sendero Luminoso y quienes señalan su condena por crímenes de lesa humanidad y corrupción.

Esto porque el expresidente fue condenado a 25 años de prisión y murió en 2024 tras haber recibido un indulto humanitario.

En campaña, Keiko propuso una línea dura contra la criminalidad, con medidas como despliegue conjunto de policías y militares en zonas sensibles, bloqueo de flujos financieros vinculados a extorsión, expulsión de migrantes en situación irregular y programas de trabajo penitenciario.

Sánchez y el voto rural

Del otro lado está Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, quien llegó a la segunda vuelta desde una posición que meses antes parecía marginal. Su campaña creció en torno al antifujimorismo, el mundo rural y la reivindicación de sectores que se sienten fuera del poder limeño.

Sánchez se presenta como aliado político del expresidente Pedro Castillo, encarcelado desde 2022 tras su fallido intento de quiebre constitucional; en su cierre de campaña aparecieron imágenes de Castillo, símbolos andinos y mensajes dirigidos a electores rurales.

Su candidatura también carga cuestionamientos por sus vínculos políticos con Antauro Humala, líder etnocacerista que pasó casi 18 años en prisión por una asonada en la que murieron cuatro policías.

DE hecho, en el debate, Fujimori lo acusó de tenerlo “a su lado”, mientras Sánchez evitó profundizar en ese punto.

Sánchez plantea contener temores económicos al asegurar que respetará la autonomía del Banco Central de Reserva. También ropone depurar la Policía Nacional, aplicar “muerte civil” a funcionarios condenados por corrupción, aumentar progresivamente la inversión pública en salud y educación e impulsar la industrialización del país.

País de crisis

La elección ocurre sobre una crisis política casi permanente, Perú ha tenido ocho presidentes en una década, y el país elegirá ahora a su noveno mandatario en ese mismo periodo.

La inestabilidad no es solo de nombres, en 2025 Perú llegó a tener cuatro expresidentes encarcelados al mismo tiempo: Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Castillo y Martín Vizcarra, unos con condenas y otros inmersos en procesos judiciales por presuntos casos de corrupción.

A eso se suma el desgaste de instituciones como el Congreso, los conflictos entre poderes y una ciudadanía que ha visto caer gobiernos sin que cambien los problemas básicos de seguridad, empleo, servicios y representación.

Y además, el crimen domina la campaña. Las denuncias de extorsión se quintuplicaron en los últimos cinco años y los homicidios se duplicaron hasta llegar a dos mil 226 en 2025, de acuerdo con datos oficiales.

Voto decisivo

Para e catedrático López Montiel, la clave está en las alianzas regionales y en la capacidad de cada candidato para movilizar electores más allá de sus núcleos duros.

Fujimori puede capitalizar el avance de posiciones de derecha y la demanda de orden, mientras Sánchez apuesta por el descontento rural, el antifujimorismo y la reivindicación de Castillo.

El problema es que ninguno llega con una mayoría sólida, la suma de sus votos de primera vuelta apenas representa una fracción del electorado, por lo que el nuevo gobierno podría nacer con legitimidad cuestionada y un margen estrecho para gobernar.

La elección también tendrá impacto regional, un triunfo de Fujimori sería interpretado como otro avance de las derechas latinoamericanas y como una apuesta por seguridad, inversión privada y mano dura.

Una victoria de Sánchez abriría un giro hacia una izquierda nacionalista con base rural, marcada por la promesa de corregir desigualdades y romper con las élites políticas tradicionales.

Este domingo, Perú no solo decide entre dos candidatos, sino entre dos miedos: el regreso del fujimorismo o la incertidumbre de un proyecto asociado a Castillo.


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