La princesa Irene de Grecia, tía del rey Felipe VI y hermana inseparable de la reina Sofía, falleció a los 83 años en Madrid, tras un deterioro de salud que se agravó en los últimos meses. Murió a las 11:40 horas en el Palacio de la Zarzuela, donde residía, y sus restos serán trasladados a Grecia, para ser sepultados en el cementerio real de Tatoi.
Hija del rey Pablo I de Grecia y de la reina Federica, Irene fue una figura discreta pero clave dentro de la intimidad de la familia real española. En los días previos a su muerte, la reina Sofía canceló compromisos oficiales para acompañarla hasta el final. Para la emérita, Irene no solo fue su hermana, sino su confidente, aliada y refugio emocional durante décadas.
Nacida en 1942 en Ciudad del Cabo, en pleno exilio de la familia real griega, Irene creció marcada por la adversidad, la espiritualidad y una vida alejada de los focos. Pasó largos años en India, donde profundizó en el estudio comparado de las religiones, adoptó el vegetarianismo y forjó una estrecha relación con figuras como la Madre Teresa de Calcuta. De esa etapa nació su vocación humanitaria y la fundación Mundo en Armonía, a la que dedicó gran parte de su vida.

Desde los años setenta se instaló definitivamente en España, siempre cerca de la reina Sofía. En Zarzuela fue conocida cariñosamente como “la tía Pecu”, una presencia constante, leal y silenciosa. Nunca buscó protagonismo público, pero fue testigo privilegiada de la transición española y una figura esencial en la estabilidad personal de la emérita.
Con su muerte, la reina Sofía pierde a su apoyo más firme. Irene de Grecia se va como vivió: lejos del ruido, con una vida marcada por la espiritualidad, la ayuda a los demás y una lealtad absoluta a los suyos.
