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México.- Juan Pablo Villalobos busca en ‘Peluquería y letras’ que el lector “olvide que está leyendo”

Trata el aburguesamiento con humor y herramientas de la autoficción

Trata el aburguesamiento con humor y herramientas de la autoficción

BARCELONA, 7 (EUROPA PRESS)

El escritor mexicano afincado en Barcelona Juan Pablo Villalobos ha publicado la novela ‘Peluquería y letras’ (Anagrama) buscando que «el lector deje de darse cuenta de que está leyendo».

En un encuentro con medios este lunes, Villalobos (ganador del Premio Herralde en 2016 con ‘No voy a pedirle a nadie que me crea’) ha comparado esta sensación del lector con la «plenitud de lo automático» que él experimenta cuando escribe sin saber adónde le va a llevar la narración.

«La trama no me interesa. No es que no sepa lo que va a pasar, es que no me he dado cuenta todavía», ha ilustrado, explicando que llega un momento de su escritura en el que incorpora a la escritura ideas de una forma casi automática.

‘Peluquería y letras’, una novela breve –rebasa por poco las 100 páginas–, está repleta de juegos metaliterarios en los que el protagonista y el autor, que se llaman del mismo modo y son, esencialmente, la misma persona, se confunden constantemente, y tiene elementos de novela negra intercalados con escenas de la vida cotidiana de una familia de clase media en Barcelona, aderezados con humor irónico.

La mujer e hijos de la novela son la familia real de Villalobos, a quienes pidió permiso: «Viven permanentemente asustados de que les exhiba», ha bromeado, explicando que les dio a leer el manuscrito a sus hijos incluso antes que a su editora.

HUMOR Y FELICIDAD COMO LUGARES COLECTIVOS

Villalobos ha explicado que pretende hacer una exploración de la felicidad y la utopía «que no es nada inocente», porque, en su opinión, el relato literario de la felicidad siempre ha sido el de la felicidad burguesa de quien ya lo tiene todo y afronta un conflicto que trunca esa estabilidad.

«Me interesaba explorar una cuestión política muy relevante: a qué aspiramos. Qué hacemos con el poder que conquistamos. Las nuevas utopías son domésticas y caseras, y pasan por la vida familiar, las relaciones de pareja y las amistades. Si todo se trata de fama, dinero y un ejercicio de poder, son relatos que se defienden con violencia, y no compartiendo. Hay una noción de lo colectivo que deberíamos explorar», ha expresado.

En el caso de ‘Peluquería y letras’, la duda –en sus palabras– subyacente en la novela es si «una vez que uno llega al supuesto lugar del éxito, resulta que lo que hay es el aburguesamiento», un pensamiento que le ha asaltado al comprobar que ya es un autor y tallerista consolidado y premiado.

En cuanto al humor, Villalobos lo ve como «un disolvente que corroe la importancia personal y el prestigio, una herramienta subversiva», y también le da una cualidad colectiva porque el reír es algo que se comparte, en su opinión.

El autor también ha tenido en cuenta el ritmo de la narración (importante para una novela corta, según él) y el uso de recursos literarios como las elipsis o los secretos que no le son revelados al lector para «construir una relación de complicidad» con él.

BARCELONA Y MÉXICO COMO TELONES DE FONDO

Los escenarios de la novela son los lugares de su vida cotidiana: el parque, la escuela, el estudio en el que trabaja y su restaurante favorito: «Hay que aprender a narrar lo que pasa mil veces», ha sentenciado, puntualizando que, para que la trama avanzara, ha hecho que sucedan cosas peculariares o chistosas, pero –en sus palabras– no estridentes.

Villalobos, que se ha dado cuenta de que sus novelas ‘mexicanas’ pasan en interiores y las ‘barcelonesas’ en exteriores, lo ha achacado a que la capital catalana es un escenario «cómodo, fácil, habitable, se camina, es segura».

«Es una ciudad con una calidad de vida bastante buena para los latinoamericanos, habituados a la degradación del espacio público y a la violencia», ha expresado.

Si bien ya le pareció impostado seguir escribiendo sobre México, ha reflexionado que es como un «puente», lo que le pone en una posición conflictiva, con identidades difuminadas y en crisis permanente, y eso, ha dicho, le sirve para sentarse a escribir.

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