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De usar zapatos grandes a ser el dueño del “Pollo Feliz”: La historia de éxito de Arnoldo de la Rocha

De niñez sufrió mucha pobreza, pero triunfó en el mundo de la comida, con la receta familiar.

Podría sonar a cliché, pero hay varios ejemplos que comprueban los dichos: “Los sueños se hacen realidad” y “Sí se puede”.

Para ello sólo hace falta voltear a los casos de éxitos de algunos empresarios, que no siempre estuvieron en la parte alta de la sociedad.

Tal es el caso de Arnoldo de la Rocha. En caso de que su nombre aún no les sea conocido, él es el creador del “Pollo Feliz”, una cadena que surgió con un local hasta tener cerca de mil sucursales y llegar a Estados Unidos.

Lo que destaca del empresario es que él trabajó desde abajo para hacerse de un lugar en el mundo comercial.

De la pobreza a liderar “Pollo Feliz”

Ahora luce trajes y muestra seguridad, pero en su niñez sufrió los estragos de la pobreza.

Es oriundo de uno de los lugares más recónditos de México: el corazón de la Sierra Tarahumara, en Chihuahua.

Cuando era pequeño calzaba huaraches de cuero de vaca y un pantalón remendado. Es miembro de una familia extensa, pues es el mayor de 12 hermanos y hoy puede darse el lujo de afirmar que vive el sueño de cualquier mexicano.

Antes de ser el mandamás del “Pollo Feliz, fue parte de una familia de campo. De hecho, en su comunidad todavía se practican algunos principios de la vida nómada, como el trueque.

No sabía que era pobre

Él conoció los automóviles a los 11 años, edad en la que fue por primera vez a la escuela. Recuerda que tenía carencias económicas, pero el amor de sus seres cercanos lo hacían “más rico”. “Nunca supe que era pobre, hasta que conocí a los ricos; vivíamos felices”.

De hecho, rememora que su primer calzado fueron unas botitas azules, de tubo corto, que le quedaban grandes. Si decía que no eran de su talla, se las darían a sus hermanos.

Después de muchos trabajos, encontró su negocio ideal

Luego de trabajar como portero, albañil, velador y otros empleos, en 1975, comienza a vender pollo con una receta familiar.

Con un grupo de amigos y 18 mil pesos, abre un pequeño restaurante, sin saber que se convertiría en todo un éxito en Los Mochis, Sinaloa.

Eso sólo fue el inicio. El negocio creció de tal manera que en 1980 vio nacer a “Pollo Feliz”. Para la década de los años 90 logra que las familias mexicanas reconozcan su marca y alcanza más 160 ciudades.

Hace 22 años rebasó las 800 sucursales en México y en 2001 cruzó la frontera para colocarse en Tucson, Arizona.

Sin duda, Arnoldo de la Rocha es un ejemplo de que los sueños se pueden cumplir.

“Si verdaderamente quieres lo que haces, terminarás haciendo lo que quieres. Para mí, vender pollos es un puente para llegar a los foros y compartir lo que he experimentado”, dijo.

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