Es sabido que el coronavirus ha dejado problemas colaterales en todas las partes del mundo.
Además del conflicto sanitario, en el que Estados Unidos alcanzó un récord de contagios en el primer lunes del año, también se sufre una crisis económica, inflación y pérdida de empleo.
Lucha contra Ómicron y la pandemia del hambre
En el país de las barras y las estrellas se tiene que luchar contra la nueva variante Ómicron, al mismo tiempo que se enfrenta la llamada pandemia del hambre.
En el inicio del coronavirus, los ciudadanos estadounidenses hacían largas filas frente a los bancos de alimentos, con la esperanza de recoger comida. Muchos habían experimentado la inseguridad alimentaria desde antes del COVID-19.
De hecho, gracias a la intervención federal de emergencia se evitó una crisis de hambre en 2020.
Pero ahora, una serie de factores continúa impidiendo que muchos estadounidenses se hagan de suficiente comida. Conforme el coronavirus se prolonga, la misión de los bancos de alimentos del país se torna más difícil y costosa.
Aumento de inseguridad alimentaria
Para ser más certeros, la inseguridad alimentaria es una condición en la que los individuos y las familias carecen de acceso a suficientes alimentos para vivir una vida saludable.
Hace tres años, 10.9 por ciento de los estadounidenses, lo que se traduce en cerca de 35 millones de individuos, se ajustaron a esa descripción. Los programas gubernamentales (antes conocidos como cupones de alimentos) ayudaron a bajar esas cifras, además de la colaboración de los bancos de alimentos.
Pero a pesar de ese beneficio, la inseguridad alimentaria persistía. Los grupos demográficos vulnerables y los nuevos desempleados tuvieron un fuerte impacto en los bancos de alimentos.
De acuerdo a la organización benéfica Feeding America, el número de personas que necesitan ayuda alimentaria se disparó hasta los 60 millones de personas en 2020, 50 por ciento más que el año anterior.
Las autoridades decidieron actuar y el Congreso amplió las prestaciones del SNAP y los programas de reparto de comidas escolares. Para los bancos de alimentos hubo una inyección de mil 200 millones de dólares, para el Programa de Asistencia Alimentaria de Emergencia.
Fin de ayudas alimentarias
Sin embargo, muchas de las ayudas alimentarias llegaron a su fin el año pasado, mientras que las donaciones también se habían agotado. Como consecuencia, se pone en peligro la nutrición de los que menos pueden pagar.
Ahora que EU enfrenta a la variante Ómicron, es una crisis que está más presente que nunca. Se espera que el Congreso brinde otros dos mil millones de billetes verdes para el Programa de Asistencia Alimentaria de Emergencia en 2022. Sin embargo, los bancos alimentarios sostienen que ese monto es insuficiente y piden 900 millones más.
