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Crueldad: Secuestros, violaciones y violencia en la frontera

En el momento en que son expulsados de Estados Unidos, comienza la pesadilla para muchos.

En muchas ocasiones, el “sueño americano” puede terminar en una auténtica pesadilla sin fin.

Así le ha pasado a cientos de migrantes que son deportados de Estados Unidos. Cuando leen en los cárteles: “Bienvenidos a México”, saben que el peligro no se ha ido; de hecho, está más latente.

Blanco perfecto para los secuestros

Y es que los recién expulsados del país de las barras y las estrellas son el blanco perfecto para ser secuestrados por grupos criminales y cárteles.

Las voces de los inmigrantes son crueles. Algunos se atreven a contar la pesadilla que vivieron, luego de que el país norteamericano les negara el acceso para cumplir el sueño de tener una vida mejor.

“Atacaron a más de 180 personas. Nos llevaron al monte, donde estuvimos cerca de mes y medio secuestrados. Si no pagaban nos iban a matar”, recuerda uno de los inmigrantes que vivió días de terror.

Luego de varias llamadas, la familia liberó al hondureño Jorge y a su pequeño, a cambio de seis mil dólares.

Pero el taxista que, supuestamente, los regresaba a la Central de Reynosa los entregó a otro grupo criminal. Fue un nuevo secuestro que les costó seis mil dólares más.

Es un caso cada vez más común en la frontera.

“Había una camioneta parada, se bajó un hombre, nos jaló y se nos llevó”, dijo Berta Hernández, mexicana secuestrada.

Por este tipo de peligros, los migrantes velan por su propia seguridad en los campamentos. Nunca salen solos y hacen rondas de noche.

Peligro latente

Algunos señalan a los taxistas que los cambian de ruta y los entregan a los secuestradores.

Los albergues tampoco son seguros, porque pasan personas sospechosas muy cerca del lugar y los integrantes de los cárteles los vigilan constantemente.

Además, Estados Unidos deporta a los migrantes por el mismo lugar por el que ingresan, lo que los pone en alto peligro con los cárteles y los grupos delictivos.

Algunos sufren pérdidas de dinero, celulares, no les dan comida ni se bañan. Además, la situación es peor para las mujeres, que son violadas por los criminales.

Adultos y niños presencian asesinatos, mientras a miles de kilómetros buscan a contrarreloj los dólares que les piden para salvar a sus seres queridos.

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