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Hongos y descontaminación del suelo: ¿el camino al futuro?

¿Pueden los hongos descontaminar la tierra? Dos investigadores creen que este enfoque menos costoso y más respetuoso con el medio ambiente podría ser beneficioso, pero tendrán que demostrar su eficacia antes de que pueda utilizarse a gran escala

En el suelo contaminado de una antigua empresa petroquímica de Varennes, un estudiante de doctorado del Instituto de Investigación en Biología Vegetal (IRBV) de la Universidad de Montreal esparce un sustrato de hongos degradado. Al otro lado de Canadá, en un vertedero minero de Yukón, una investigadora de la biorremediación del suelo también está intentando cultivar setas. Los dos biólogos están convencidos de que estos organismos poco conocidos tienen el potencial de revolucionar la forma de limpiar el suelo.

El estudiante se llama Maxime Fortin Faubert. La investigadora es Kawina Robichaud. Y cada uno de ellos está tratando de desarrollar una alternativa a la «excavación y vertido», es decir, la excavación mecánica del suelo contaminado, seguida de su enterramiento.

Por ello, han centrado su atención en la micorremediación, que consiste en utilizar hongos para descontaminar el suelo. Este método está todavía en sus inicios, pero les parece «extremadamente prometedor para el futuro».

«Los resultados del laboratorio son impresionantes. Hay tanto terreno contaminado en Montreal que es un enfoque que podría utilizarse a gran escala», afirma Fortin Faubert.

Actualmente, en Montreal, 2030 suelos están inscritos en el registro de tierras contaminadas del Ministerio de Medio Ambiente y Lucha contra el Cambio Climático. De ellos, 732 aún no han sido rehabilitados.

«Es fácil coger una pala mecánica y quitarlo todo, pero desde un punto de vista ecológico y económico, no tiene sentido. Ahí es donde entran los métodos de biorremediación, como la micorremediación», dice Robichaud.

Micoremediación

Los hongos saprótrofos, como las setas ostra, son descomponedores naturales. Con sus agresivas enzimas extracelulares que les permiten atacar la madera muerta, son excelentes candidatos para degradar o almacenar los contaminantes del suelo.

Los contaminantes orgánicos, a menudo hidrocarburos, pueden ser completamente degradados por estos organismos. Metales como el cromo, el cobre y el plomo, que son contaminantes inorgánicos, pueden «hiperacumularse» dentro del hongo.

«La situación ideal es cuando son capaces de realizar una mineralización completa. En el caso de los metales, la ventaja es que los toman de una gran superficie de suelo contaminado y los concentran en sus esporóforos. Esperamos poder cosecharlas más adelante y valorizarlas. Sabemos que es posible», dice Kawina Robichaud.

En su investigación, en la que combinó la micorremediación con la fitorremediación, es decir, la descontaminación mediante plantas, Maxime Fortin Faubert intentó rehabilitar un terreno industrial gravemente contaminado utilizando un cultivo de hongos ostra y de sauce.

Aunque el experimento le permitió extraer concentraciones considerables de cadmio y zinc de los sauces, sus hongos no pudieron, por desgracia, fructificar y es difícil saber si han colonizado el entorno. Según él, no pudieron competir con los demás microorganismos de la zona.

«En teoría, los hongos serían más eficientes que las plantas para degradar los contaminantes orgánicos, pero es difícil predecir la eficiencia. Se necesitan más estudios», afirma el científico visitante de la Fundación David Suzuki.

Desafíos y potencial

De hecho, el principal reto de la micorremediación es evaluar qué tipo de hongos podrán colonizar un entorno determinado. Hay muchas variables que intervienen y cada suelo tiene sus propias especificidades. Sin embargo, existe un mundo de posibilidades para los biólogos.

La diversidad de hongos es deslumbrante. Actualmente están descritas unas 150.000 especies, de un potencial de casi 3,8 millones, según Kawina Robichaud. La especialista en biorremediación de suelos de Biopterre cree que sólo estamos arañando la superficie cuando se trata del potencial de los hongos.

«Este es el camino al futuro. La micorremediación permite una limpieza más suave y económica que los métodos tradicionales», afirma.

Aunque las enzimas fúngicas ya se utilizan, entre otras cosas, en la descontaminación del agua, los dos biólogos esperan que su investigación contribuya a un enfoque menos costoso y más responsable desde el punto de vista medioambiental para la descontaminación del suelo.

«Este es el camino al futuro. La micorremediación permite una limpieza más suave y económica que los métodos tradicionales», Kawina Robichaud, especialista en biorremediación de suelos de Biopterre

150.000

especies de hongos actualmente están descritas, de un potencial de casi 3,8 millones.

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