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¿Por qué se puede perder el olfato?

Este sentido nos transmite olores, nos avisa de peligros, nos ayuda a saborear e incluso nos trae recuerdos.

El olfato es el sentido que nos permite oler ciertas sustancias. Cuando el olor de un objeto nos llega a la nariz, lo que ocurre es que las moléculas de ese objeto se desprenden y las aspiramos, introduciéndose en nuestras cavidades nasales.

Allí millones de células olfativas nos permiten identificar miles de olores diferentes. Estas células nerviosas se encuentran en la parte superior del interior de la nariz y están conectadas directamente con el cerebro, todo esto según el contenido de la publicación Salud Vital.

“El olfato también se ve influido por las terminaciones nerviosas que se encuentran en nuestros ojos, nariz, boca y garganta”.

Un mundo sin olor

A veces, como consecuencia de un virus, una gripe o debido a un golpe en la cabeza, el sentido del olfato te puede jugar una mala pasada. De repente, los olores se confunden y los malinterpretamos. Se trata de la conocida parosmia y consiste en que los olores que antes nos parecían agradables ahora nos pueden dar asco.

También puede ocurrir que el sentido del olfato simplemente disminuya. Se habla entonces de hiposmia.

Cuando el sentido del olfato se pierde completamente la cosa es mucho peor. Esta enfermedad se llama anosmia y, en ocasiones, es síntoma de que padecemos otra dolencia más grave, como una rinitis, una desviación del tabique nasal o incluso un tumor.

Sin embargo, la mayoría de las veces la pérdida de olfato es sólo consecuencia de la edad. A partir de los 60 años este sentido va disminuyendo.

Otros factores que intervienen

Los genes juegan un papel importante en el hecho de que nuestro olfato sea más o menos sensible, pero existen otras causas que pueden afectar:

  • Enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.
  • Un traumatismo craneal.
  • La diabetes y la hipertensión.
  • La presencia de pólipos en las cavidades nasales.
  • Trastornos hormonales.
  • Problemas dentales.
  • Exponerse a ciertos productos químicos como los insecticidas.
  • Tomar ciertos medicamentos.
  • Someterse a un tratamiento con radioterapia.
  • Ser fumador.
  • Un virus como el Covid -19.
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