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El premio Nobel de Medicina va para quienes nos ayudaron a entender cómo sentimos el mundo

Los ganadores estudiaron las bases moleculares de cómo percibimos el mundo

El fisiólogo norteamericano David Julius y el biólogo molecular, nacido en Líbano, Ardem Patapoutian, son los ganadores del Premio Nobel de Medicina 2021.

Como cada año, la primera semana de octubre se hacen los anuncios de los ganadores de los premios Nobel, empezando con el de Medicina. Este premio que se anuncia primero, en realidad se llama “de Fisiología o Medicina”. Aunque muy pocas personas se refieren a él así, ese es el nombre con el que Alfred Nobel lo dejó asentado en su testamento.

Alfred Nobel, que era un químico e inventor sueco, también estaba muy interesado en otras áreas de la ciencia. En su momento conoció al fisiólogo sueco Jöns Johansson, que incluso trabajó en uno de los laboratorios de Nobel. 

Un Nobel muy picante

El premio Nobel de Medicina de este año fue otorgado a Julius y Patapoutian: “por sus descubrimientos de los receptores de la temperatura y el calor”. 

Esos receptores son determinantes en la relación que tenemos con el mundo exterior, pero también con nuestro mundo interior, y por lo tanto son vitales para nuestra supervivencia, pues nos dan la capacidad de distinguir la temperatura y sentir cosas al tocarlas.

Todos sabemos que sentimos las cosas al tocarlas, que nos molesta tocar algo muy caliente o muy frío, pero lo que no supimos durante mucho tiempo era cuáles eran los mecanismos biológicos de esas sensaciones.

La pregunta principal que respondieron Julius y Patapoutian, fue cómo es que nuestro cuerpo convierte los estímulos físicos mecánicos y de temperatura en una señal biológica que nos haga percibirlos.

Para eso David Julius, profesor de la Universidad de California, en San Francisco, estudió las sensaciones de dolor y calor que se producen en el cuerpo cuando comemos picante.

Julius y su equipo de investigación, usaron la capsaicina, la molécula que hace picante a chile, para identificar genes relacionados con las neuronas que se “encienden” cuando al toque, o cuando sentimos calor o dolor.

Así lograron identificar el gen específico relacionado con esos procesos y con eso encontraron que este gen codifica a la proteína que llamaron TRP1. Estudiándola, Julius encontró que esa proteína, se activa justamente ante estímulos del tacto, así como cambios de temperatura.

Un premio para los abrazos

Por su parte, Ardem Patapoutian, que trabaja en el instituto de investigación Scripps Research, en California, buscó identificar qué receptores moleculares nos permiten sentir los estímulos mecánicos.

Con un trabajo similar al que hizo Julius con los receptores del calor, Patapoutian y sus colaboradores, buscaron los genes que podrían estar relacionados con la sensación de tocar o mecanosensibilidad.

Para identificar el gen específico, fueron “apagándolos” uno a uno y así, después de un trabajo minucioso, Patapoutian y su equipo, lograron encontrar dos genes responsables de activar dos proteínas que son responsables de esta mecanosensibilidad, a las que llamaron Piezo1 y Piezo2.

Aunque los estudios de Patapoutian se hicieron en células aisladas, esas proteínas son las mismas que se activan en muchas células de nuestro cuerpo cuando, por ejemplo, damos o recibimos un abrazo.

¿Por qué es importante?

Todas estas proteínas identificadas y estudiadas por Julius y Patapoutian son parte de nosotros, están codificadas en nuestros genes, y nos permiten percibir el mundo todos los días. Cuando tecleo para escribir estas líneas ahí están; cuando levantas una taza de café, pero entonces decides no beber, porque está muy caliente, también están ahí.

Pero además conocer los mecanismos moleculares de estos procesos no solo nos hace entender mejor eso que pasa dentro de nosotros, sino que incluso podría ayudar a encontrar tratamientos a condiciones que producen dolor crónico.

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