Notre Dame es uno de los equipos más tradicionales del fútbol americano universitario, con 11 títulos nacionales, grandes jugadores que han vestido el casco dorado y una afición que se extiende mucho más allá del campus de South Bend, en el norte de Indiana.
Por eso, cuando hace unos decidió negarse a jugar en uno de los tazones que cierran la temporada del college football, generó una fuerte polémica que podría traer grandes cambios para futuras postemporadas.
¿Por qué Notre Dame no quiso jugar?
El nuevo sistema de playoffs del fútbol americano universitario clasifica a los cinco equipos campeones de conferencia de mejor ranking y a siete equipos restantes según el ranking elaborado por el Comité de Selección del College Football Playoff.
Los “Fighting Irish” terminaron con un registro de 10-2 y hasta el 2 de diciembre eran 10° en la clasificación oficial, lo que le hubiera permitido entrar a los playoffs, pero al ser anunciado el ranking final cinco días después, cayeron al puesto 11° y fueron excluidos de la postemporada. Notre Dame fue sobrepasado por Miami, equipo con el que perdieron a comienzos de la campaña, y por Alabama, cuadro que tuvo tres derrotas.
Eso llevó a Notre Dame a tomar una decisión sin precedentes: decidió no jugar ninguno de los otros tazones de fin de año al que podría haber sido invitado. Particularmente los “Fighting Irish” estaban considerados para jugar el Pop-Tarts Bowl en Orlando contra BYU, y tuvieron que ser reemplazados por Georgia Tech.
“¿Por qué someter a estos jóvenes deportistas a estas falsas ilusiones para luego arrebatarles la oportunidad de competir y que un grupo de personas en una sala destrocen sus sueños sin explicación alguna? Sentimos que les robaron los playoffs a nuestros estudiantes deportistas”, dijo Pete Bevacqua, el director deportivo de Notre Dame, a Yahoo Sports.
Además de las polémicas selecciones de Miami y Alabama en vez de Notre Dame, muchos analistas cuestionan la presencia de Tulane (20° en el ranking) y James Madison (24°), equipos universitarios peor ranqueados que los “Fighting Irish” pero que fueron campeones de conferencia.
Los cuestionamientos apuntan a que estos equipos podrían presentar poca lucha en la primera ronda de los playoffs y muchos analistas exigen cambios para la temporada 2026 que privilegie casi exclusivamente el ranking.
Otros equipos también renunciaron a los tazones
Además de Notre Dame, también optaron por renunciar a sus invitaciones para jugar los tazones de fin de año Iowa State y Kansas State, en ambos casos porque sus entrenadores renunciaron y las universidades, en teoría con el respaldo de los jugadores, decidieron terminar la temporada.
Eso generó una serie de problema en el calendario y obligó a varios de estos tazones a invitar a equipos con récord negativo de 5-7. El caso más llamativo fue el del Birmingham Bowl, que recibió la negativa de siete universidades, entre ellas Florida State. Finalmente Appalachian State aceptó la invitación para jugar contra Georgia Southern el 29 de diciembre.
Como el nuevo sistema de playoffs ocupa los seis bowls más importantes para los cuartos de final y las semifinales (Rose Bowl, Orange Bowl, Fiesta Bowl, Sugar Bowl, Cotton Bowl y Peach Bowl), el resto de los tazones (un total de 35) han sido relegados hacia la irrelevancia deportiva y económica. A esto se suma que muchos jugadores estrella optan por no participar en bowls sin impacto en el playoff para evitar lesiones antes del Draft de la NFL, reduciendo el atractivo televisivo.
En este paquete de tazones de segundo orden se mezclan algunos con cierta tradición, como el Citrus Bowl, el Alamo Bowl, el Outback Bowl y el Gator Bowl, con otros que han aparecido en los últimos 10 años como el Fenway Bowl, el Myrtle Beach Bowl o el LA Bowl.
