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Así fue la vida de excesos de Tyson Fury, antes de ser el rey en su división

El pugilista británico pasó un momento difícil en su carrera, cuando el alcohol y las drogas fueron parte de su día a día.

Tyson Fury se ha convertido en uno de los boxeadores de peso pesado más importantes de la actualidad.

Hace algunos días, el británico revalidó su condición de campeón y derrotó a Deontay Wilder para retener el cincho del Consejo Mundial de Boxeo.

A lo largo de la pelea, Tyson impuso condiciones. De hecho, sólo en uno de los asaltos se vio superado por el estadounidense.

Sin embargo, en el round 11, Fury demostró que es el mejor en su categoría y envió a la lona Wilder, para decretar la victoria.

“Fue una gran pelea. Siempre he dicho que soy el mejor boxeador en este momento en el mundo. Peleamos en tres combates y él no me ha dado el crédito, yo sí he dicho que es un buen pugilista y un gran deportista. Dimos tremendas peleas en 2018, en 2020 y creo que esta ha sido una de las mejores del año”.

—  Tyson Fury, campeón del Consejo Mundial de Boxeo.

El récord que mantiene Tyson es impresionante, ya que suma 31 victorias, 22 de ellas por la vía del cloroformo, así como un empate y ninguna derrota.

Desde su debut en 2008, el británico tiene un gran historial de cinturones, con un total de 12 títulos, casi todos los de su división.

Se levantó de los vicios

Pero el camino de Fury no siempre estuvo lleno de victorias y luminarias. Incluso, en 2018, estuvo inmerso en el mundo del alcoholismo y los excesos.

El de Gran Bretaña es conocido por ser un tipo especial, que con carisma se ha ganado poco a poco el cariño de los aficionados.

El pugilista británico es de los más polémicos que existen en la actualidad, porque no reprime sus emociones y en el momento que lo siente dice las cosas sin tapujos.

Hace algunos años, su figura no lucía como la de un boxeador profesional; al contrario, era el perfecto aficionado al fútbol que vivía intensamente los partidos del Manchester United, bebiendo cerveza.

Además, Fury pesaba más de 180 kilos, consumía drogas y el alcohol era su mejor aliado para estar contento.

Por semana, Tyson bebía alrededor de 100 vasos de cerveza. No se entrenaba, por lo que su imagen de deportistas estaba por los suelos.

De hecho, el pugilista tenía más la pinta de un hooligan que de atleta de alto rendimiento. Todo esto lo provocó la primera gran victoria en su carrera, cuando destronó al ucraniano Vladimir Klitschko, para consagrarse como el campeón de la AMB, OIB y FIB, en la división de peso pesado.

El caso de Tyson fue todo lo contrario a tener una victoria perfecta, ya que eso lo hizo perder el piso. En dos ocasiones canceló la revancha ante Klitschko, una de ellas porque no superó el control antidopaje.

Para 2016, anunció su retiro de los encordados, pues su salud mental no estaba en el mejor de sus puntos. Cuando se compró un Ferrari fue el momento en el que encontró un balance, minutos antes de tener un choque.

Una voz en su cabeza, así lo relata él, le pidió cambiar su estilo de vida y salir adelante por su familia, en especial por sus hijos.

Y así fue. El británico regresó al cuadrilátero y desde entonces no se ha cansado de hacer historia en el boxeo mundial.

“No he tenido suerte en la vida. He luchado jodidamente duro para que no puedan derrotarme. El secreto está en ser feliz hoy, porque nadie tiene asegurado el mañana. Boxeo porque es lo que sé hacer. No hay nada más que me entretenga. Creo que cuando me retire seré una persona triste y sola. No boxeo para ser el mejor de todos los tiempos o para convertirme en una leyenda. No es nada de eso”.

—  Tyson Fury, campeón del CMB
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