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Por este padecimiento Julio Urías estuvo cerca de perder la vista

El pitcher mexicano sigue haciendo historia en la MLB, tras conseguir su victoria número 20 de la temporada.

El juego entre los Dodgers de Los Ángeles y los Cerveceros de Milwaukee representó uno de los grandes momentos en la carrera de Julio Urías.

Y es que, el pitcher mexicano llegó a 20 victorias en lo que va de la temporada, por lo que se convirtió en el jugador azteca más joven en lograrlo.

Desde hace algunos meses, Urías ha demostrado un gran nivel desde el montículo, por ello se ha convertido en uno de los hombres estelares en el equipo de Los Ángeles.

El zurdo llegó a esta cifra con 25 años y 51 días, dejando atrás lo hecho por Fernando Valenzuela, quien completó este récord a los 26.

Además, el originario de Culiacán, Sinaloa, es el primer pitcher de los Dodgers, en siete años, que llega a este número de triunfos, después de que Clayton Kershaw hiciera 21 en 2014.

Así, el pelotero mexicano sigue dando de qué hablar en Grandes Ligas, al grado de que las comparaciones no cesan y los expertos lo ven como el heredero natural de Fernando Valenzuela.

Desde hace más de 105 días, Julio no sabe lo que es una derrota, tras caer el pasado 21 de junio, cuando los Dodgers perdieron ante los Padres de San Diego.

Pudo quedarse ciego

Pero no todo siempre ha sido alegría en la vida del pitcher mexicano, ya que nació con un tumor en la cabeza, que estuvo cerca de dejarlo ciego.

A sus padres les notificaron que se trataba de un mal benigno, que no afectaría su desarrollo.

Sin embargo, el tumor impedía que viera completamente, por lo que a los cuatro años fue operado por primera ocasión, con la finalidad de retirar masa y liberar espacio.

El azteca tuvo que ingresar al quirófano hasta en tres ocasiones más, para encontrar al final un alivio que le dio una mejor calidad de vida.

Su ojo izquierdo luce más pequeño que el derecho, pero eso no ha sido un impedimento para convertirse en uno de los hombres más destacados de la MLB en los últimos tiempos.

“Cuando creció un poquito, y más cuando entró a la escuela, sí había detallitos porque a veces había niños que lo señalaban por su problema. Yo traté de que no se frustrara, que no anduviera agarrando pleitos o enemigos, que él lo viera como algo normal que se le iba a quitar.

“En ese tiempo, mucha gente que miraba a mi hijo cómo se desempeñaba desde los cinco años, ya hacían comentarios como: ‘Éste tiene mucho, puede jugar buena pelota’ y cosas de esas; realmente yo no le daba importancia, porque yo sentí que lo iba a presionar de una forma muy diferente. Yo quería que él jugara el beisbol por diversión cuando era niño”.

—  Carlos Urías, padre de Julio en entrevista con TUDN
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